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domingo, 10 de febrero de 2013

Epopeya de Gilgamesh





Dentro de las historias de gigantes y naves voladoras que hacen parte de la cultura sumeria, ninguna se compara a la Epopeya de Gilgamesh, el hijo de los “dioses”, o a la leyenda del dios-anfibio Oannes.
“Y después vino el diluvio, y posterior al diluvio la realeza volvió a descender una vez más del cielo...” (Escrito cuneiforme sumerio).
Los sumerios vivían en la Mesopotamia, entre el Tigris y el Eúfrates. Representaban una forma de cultura superior que se impone a los bárbaros y nómades semitas. Ellos poseían avanzadísimos conocimientos astronómicos y eran capaces de realizar cáculos con 15 dígitos, o sea, con números arriba de 100 trillones. A título de comparación, basta decir que los griegos no sabían contar arriba de 10.000.
Los sumerios, que antecedieron a los babilonios, prácticamente fundaron la civilización actual al establecerse a lo largo del río Eúfrates, aproximadamente en 5000 a.C. Mas ya fueron encontrados esqueletos de 45 mil años en la región.
Cuentan los registros que los diez primeros reyes de Sumeria vivieron un total de 456.000 años, lo que da un promedio de 45.600 años para cada uno. Tablas de arcilla cuentan diversas historias fantásticas incluyendo gigantes, monstruos y naves voladoras. Dos de estas historias llaman la atención en especial: la leyenda del dios-anfibio Oannes y la Epopeya de Gilgamesh.
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Oannes es un misterioso ser que, según Berossus –sacerdote de la ciudad de Baal (Babilonia)–, aparece en la ciudad de Eridu, habiendo surgido del mar durante un nacer del sol del cuarto milenio. Fue descrito por Berossus como “un animal con razón”.
“El animal tenía todo el cuerpo de un pez. Su voz, y también su lenguaje, era humana y articulada (...) Durante el día, este ser acostumbraba conversar con el hombre, mas no se alimentaba en aquella estación del año. Y les dio entendimiento en las letras, en las ciencias y en todas las formas de artes. Les enseñó a construir casas, fundar templos, compilar leyes, y les explicó los principios del conocimiento geométrico. Los hizo diferenciar las semillas de la tierra y les mostró como recoger frutos. En síntesis, los instruyó en todo lo capaz de suavizar sus maneras y humanizar la humanidad. Tan universales fueron sus instrucciones que, desde entonces, nada fue acrecentado para mejorarlas. Cuando el Sol se ponía, este ser acostumbraba a sumergirse de nuevo en el mar y pasar la noche en sus profundidades, pues él era anfibio. Después de eso, aparecieron allí otros animales como Oannes.”
La historia de Gilgamesh es la más antigua epopeya conocida. Ella es anterior al propio Viejo Testamento. Son conocidas varias versiones sobre ella, siendo la más completa la del 3° milenio antes de Cristo. Y existen versiones todavía más antiguas.
Según el historiador Norberto de Paula Lima, “la historia de Gilgamesh es la historia de un hombre real, mas que en la realidad mágica y lo material difieren muy poco. Y este hombre buscó un nombre inmortal, buscó compartir la naturaleza de los dioses y (...) de la humanidad no mutilada, que comulgaba directamente con Dios”.
Gilgamesh fue considerado, en Sumeria, “el hombre para el cual las cosas eran conocidas”. El es el típico mestizo entre “dioses” y terrestres. “Cuando los dioses crearon a Gilgamesh, le dieron un cuerpo perfecto (...) Dos tercios lo hicieron dios, y un tercio hombre”.
El recorrió muchas tierras hasta llegar a Uruc y tornarse su rey. Este gigante fue temido por su arrogancia y, aparentemente, por su inagotable apetito sexual, pues no evitaba “ni las niñas, las vírgenes recién casadas, las hijas del guerrero o la esposa del noble”.
La visita de una nave voladora

Cada ciudad sumeria era en aquella época protegida por un “dios”, y los habitantes de Uruc clamaron a él, su dios Anu, para que tomase una providencia como el Gilgamesh. Los dioses, entonces, deciden crear un rival para el gigantesco rey de Uruc. De la arcilla surge Enkidu, un gigante de la colinas, un ser salvaje y protector de la naturaleza. “Su cabeza era cubierta de cabello enredado. Desconocía la humanidad. Nada sabía de cultivar tierra. Era fuerte como un inmortal del cielo”.
Cierto día, un cazador se enfrentó con el gigantesco y salvaje Enkidu y, aterrorizado, va a pedir ayuda a Gilgamesh. Así como los dioses actuaron con el pueblo de Uruc, Gilgamesh actuó con el joven cazador. Sugirió que Enkidu, el gigante de las colinas, fuese seducido por una prostituta. Y así se hizo. Un día cuando Enkidu fue a saciar su sed en una fuente, junto con las manadas salvajes, allí estaba una linda mujer esperándolo. Y “ella no tuvo vergüenza de tomarlo. Poseerlo y acoger su avidez. En tanto se inclinaba sobre el murmurando amor, ella le ensenó el arte de la mujer. Por seis días y siete noches estuvieron juntos”.
Mas, cuando Enkidu quiso volver a la vida animal, fue rechazado. Y la prostituta lo convenció de volver con ella para la ciudad. Ya llegando, Enkidu desafió a Gilgamesh a una pelea. Los dos gigantes entonces tienen una batalla corta, pero devastadora. Gilgamesh gana, mas los dos se abrazan y se vuelven inmediatamente amigos. Enkidu, por su lado, jura lealtad absoluta a su rey.
Y prácticamente aquí comienza la epopeya propiamente dicha. Gilgamesh y Enkidu, los gigantes, se unen para enfrentar a Humbaba, el gigante feroz que dominaba “el país donde se derriba el cedro” (¿el Líbano?). Ellos vencen, y la propia Ishtar, la diosa sumeria del mar, pide a Gilgamesh como novio. Pero Gilgamesh la rechaza.
Furiosa, Ishtar se venga lanzando el “Toro del Cielo” contra Gilgamesh que venció al Toro y pasó a codiciar la vida eterna. En seguida, el gigante construyó un arca para sobrevivir a un diluvio que atemorizaba a los propios “dioses” (el Diluvio de la “Biblia” fue descripto después). Luego de pasar por eso, Gilgamesh muere.
No hay, aparentemente, un único objeto volador en esa epopeya. ¿Mas eso es necesario? Si alguien hizo cuestión de un OVNI en la antigua Sumeria debe ser una leyenda del rey Etana, encontrada en Nínive, en la biblioteca de Assurbanipal. Etana vivió después del diluvio, y su historia es así descripta por el historiador italiano Alberto Fenoglio:
“El rey Etana vivió hace cerca de 5 mil años, era llamado el rey Dios y fue llevado como huésped de honor en una nave voladora con la forma de un escudo que posó en una plaza detrás del palacio real, circundado por un remolino de llamas. Del navío volador salieron hombres rubios, altos, de piel oscura, vestidos de blanco, bellos como dioses, que invitaron al rey Etana, a quien sus consejeros procuraron disuadir de viajar en el objeto volador. En el medio de un remolino de llamas y humo, él subió tan alto que la Tierra con sus mares, islas y continentes le pareció un bollo en una cesta que, después, desapareció de su vista.
”El rey Etana, en la nave voladora, alcanzó la Luna, Marte y Venus, y, después de dos semanas de ausencia, cuando ya se estaba preparando una nueva sucesión al trono, acreditándose que los dioses lo hubieren llevado con ellos, el navío volador cruzó por sobre la ciudad y descendió cargado por un anillo de fuego. El fuego se extinguió. El rey Etana salió del navío con algunos de los hombres rubios, que quedaron como huéspedes durante algunos días.”

Fernando González Silva
Fuerteventura, 10 de Diciembre de 2012

viernes, 14 de septiembre de 2012

Akhenatón- Amenofis IV y Atón

 
El intento de Akhenatón por implantar el monoteísmo en el Egipto faraónico podría ser considerado, junto con otros signos, como síntoma de un trastorno mental, específicamente la epilepsia, que pudo compartir con otros miembros de su familia como el legendario Tuthankamón.

En la historia del Egipto faraónico existe un periodo singular en que un faraón quiso sustituir el vasto sistema politeísta por la adoración de un solo dios: Atón, el disco solar. Amenofis IV, que después se nombró a sí mismo Akhenatón en honor a la divinidad que buscó imponer a sus gobernados —sin éxito: porque apenas murió, se restituyó el viejo culto a Amón-Ra y demás dioses e incluso hubo intentos por borrar de la historia dicho reinado.

Akhenatón tuvo sin embargo un hijo no menos célebre: el legendario Tuthankamón (bautizado originalmente Tuthankatón), cuya muerte misteriosa siendo todavía un adolescente ha suscitado las más diversas investigaciones, una de las cuales sugiere ahora que el monoteísmo podría considerarse un síntoma de epilepsia lobular, de índole hereditaria.

Hutan Ashrafian, cirujano con interés en la medicina histórica en el Imperial College de Londres, asegura que el joven faraón murió por una “psique feminizada”, lo mismo que sus predecesores inmediatos.

Ashrafian recurre a este concepto por las representaciones que se conocen de los parientes de Tuthankamón: Smenkhkare (enigmático faraón, tío o hermano suyo) y su padre mismo, Akhenatón, a quienes se dibujó con inusuales pechos grandes y caderas anchas, como si fueran mujeres. Igualmente los faraones que gobernaron antes de este, Amenhotep III y Tuthmosis IV, comparten similares características en las pinturas que los recuerdan.

A este rasgo se suma el hecho de que dos de estos cinco faraones aseguraron haber tenido “visiones”, lo cual coincide con etapas de la epilepsia en que, durante un ataque, el lóbulo temporal experimenta alucinaciones y revelaciones de tipo religioso, particularmente después de haber estado expuesto a la luz solar. En el caso de los gobernantes egipcios, esta pudo ser una condición propia de su familia.

Asimismo, la apariencia corporal femenina se relaciona con las partes del cerebro ligadas con la liberación de hormonas: los ataques epilépticos alteran los niveles de las hormonas involucradas en el desarrollo sexual.

Tuthmosis IV tuvo un arrebato religioso a mitad de un día soleado, según la “Estela del Sueño”. Las visiones de Akhenatón, mucho más intensas, podrían explicar también porque la elección del “disco solar” como deidad única.
 
Fuerteventura, 13 de Septiembre de 2012
Fernando González Silva

viernes, 25 de mayo de 2012

El Arca de la Alianza


Uno de los misterios que más apasiona a los arqueólogos es el concerniente al destino del Arca de la Alianza. Pero antes de adentrarnos en teorías y conjeturas hagamos un repaso histórico de los hechos narrados por la Biblia y empecemos por preguntarnos ¿qué es era el Arca de la Alianza?, ¿acaso estaba inspirada en las instrucciones divinas de Dios?, o ¿eran sus milagros el resultado de una tecnologías desconocida y pérdida en el tiempo ?,¿Qué pasó con ella? El Arca es un enigma en sí mismo, sin embargo apegándonos al texto bíblico podemos obtener diversas conclusiones sobre su naturaleza y destino final.

Cuando Dios le dio a Moisés los 10 mandamientos en el Monte Sinaí, lo cual los estudiosos establecen que debió ser aproximadamente en el año 1400 a.C., también le instruyó para que construyera el Arca con la finalidad de no solamente contener las Tablas de la Ley, sino para a través de ella conversar directamente con Moisés y su pueblo. Pero lo más asombroso de todo, es que el texto en el que se describe el Arca es uno de los más detallados, de hecho son las instrucciones más precisas que se dan en la Biblia.

Del Arca se dice en las sagradas escrituras que era el vehículo de comunicación de Dios con Moisés, pero además era el lugar en que Dios se presentaba en la Tierra manifestándose en la forma de una nube que aparecía entre los querubines de la cubierta del Arca.

También no cualquiera podía portar el Arca, de hecho quienes la llevaban eran los Kohatitas (hijos de Kohat) quienes eran un subclan de la tribu de Levi, a la cual pertenecía Moisés. Las tradiciones narran que solamente personas puras de corazón o que se hubieran purificado previamente podían acceder al aposento del Arca.

Han transcurrido más de 25 siglos desde que el Arca estuvo por última vez en el Templo de Salomón, la geografía política y étnica de esos lugares han tenido grandes transformaciones, Israel por su estratégico emplazamiento ha sido objeto de conquistas a lo largo de todo este tiempo. Distintas culturas han dejado plasmada su influencia en su gente, cultura, arquitectura y naturaleza. Aunado a lo anterior, la falta de un registro histórico en aquel período dificulta el poder seguir el destino que sufrió el Arca después de la captura y destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor en el siglo VI a.C. Todo lo que pueden hacer los hombres que se han dedicado a investigar este misterio es conjeturar acerca del paradero del regalo de Jehová al pueblo israelita.

Fuerteventura, 25 de Mayo 2012

jueves, 24 de mayo de 2012

Enigmas de la Antiguedad


El Samarangana Soutradhara es una colección de antiguos manuscritos hindúes, escritos en una época perdida en el tiempo, hace millares de años. Nada menos que 230 páginas de esta colección son dedicadas a los sistemas de construcción de los “vimanas”, las naves que volaban millares de kilómetros a altísima velocidad.
Según el Samar (otra colección), los vimanas funcionaban con la “potencia latente del mercurio caliente”. Habrían dos tipos de vimanas: los “surymandalas”, que alcanzaban las regiones del sistema solar, y los “nahasatramandalas” que viajaban hacia el Sol.
La colección Drona Parva habla de un conflicto –aparentemente atómico– que habría sucedido alrededor del 12.000 a.C. Describe un “enorme proyectil llameante, quemando con fuego sin humareda, haciendo arder los bosques y matando millares de individuos”. Describe también el “arma de Agneya”: “Arremetiendo con dilacerantismo, ella arrastraba atrás de sí, en su corrida, un resplandor cegante”.
En el Mahabharata (La Gran India), un épico más voluminoso que la Biblia, escrito aproximadamente en el 3.000 a.C., hay imágenes muy claras de batallas fantásticas: “Bhima voló con su vimana en un rayo inmenso, que tenía el resplandor de un arma que podía matar a todos los guerreros que usasen metal en el cuerpo: La arma causaba el efecto de hacer caer los cabellos y las uñas de las manos y de los pies, y todo lo que era vivo se tornaba pálido y flaco”. Algo muy parecido sucedió a los habitantes de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945.
En el octavo libro del Mahabharata, se cuenta que el personaje Gurkha, a bordo de un poderoso vimana, arrojó un único proyectil sobre la “ciudad triple”. De ella se elevó una fumata blanca, incandescente, diez mil veces mas clara que el Sol. La fumarada se levantó con brillo inmenso y redujo la ciudad a cenizas:
“Era como si hubiesen sido soltados los elementos. El Sol giraba en círculo. Quemado por la incandescencia del arma, el mundo vacilaba de fiebre. Elefantes atormentados por el calor, corrían locos de aquí para allá, procurando protección contra el terrible ataque. El agua hervía, los animales morían. El enemigo era segado, y la furia del fuego hacía con los árboles, como en los incendios de los bosques, caerse en hileras. Los elefantes rugían pavorosamente y caían muertos al suelo, por toda una vasta área. Los caballos y los carros de combate se quemaban y todo parecía como después de un incendio. Millares de carros fueron destruidos. Después, un silencio profundo descendió sobre el mar. Los vientos comenzaron a soplar y la tierra aclaró. Se ofreció la vista de un cuadro horripilante. Los cadáveres de los tumbados habían sido mutilados por el horroroso calor, no pareciendo más gente. Nunca antes habíamos hablado de tal arma.”
En otro párrafo del Mahabharata (parte de Viaje de Arjuna para el Cielo de Indra), las visiones pavorosas del relato anterior son sustituidas por otras de belleza y gloria:
“Después de la partida de los protectores del mundo, Arjuna, terror de los enemigos, quería que el carro celeste de Indra llegase hasta él. De repente, junto con Matalis, el carro llegó en el brillo de la luz desterrando del aire las tinieblas e iluminando todas las nubes, llenando las tierras con estruendo, como el ruido del trueno. Fue un artefacto mágico del cielo, realmente imponente a los ojos. Él subió en el carro, resplandeciente como el señor del día. Entonces, se fue para arriba con el artefacto mágico, aquel carro celeste parecido al Sol, y fue inmensa la alegría experimentada por el hijo blanco de la estirpe Kuru.”
Tal como un plan de vuelo
El guerrero Arjuna, entonces, “al aproximarse a las regiones invisibles para los mortales que recorrían la tierra, vio carros celestes, maravillosos, a millares. En aquel lugar no brilla el Sol, ni la Luna, no reluce el fuego, mas si en su propio brillo centellea, por la fuerza de hechos nobles, aquello que en la Tierra es visible en la fuerza de las estrellas, las cuales, por causa de la distancia inmensa, parecen como lámparas, no obstante son grandes cuerpos”.
La mayoría de esos relatos dispensa comentarios, pues el lenguaje usado, de modo general, es claramente descriptivo, casi técnico. En ciertos párrafos, no existe el menor trazo de misticismo. Este que pasamos a reproducir fue escrito por Maarshi Baradvaja, un profeta de la era primitiva de la India, y traducido por la Academia Internacional para Pesquisa del Sánscrito, en el Estado de Misore, India.
“...un aparato que se mueve por fuerza interna, como una ave, sobre la tierra, dentro del agua, o en el mar, es denominado ‘vimana’ (...) que es capaz de moverse en el cielo, de un lugar a otro... Es un vimana, así llamado por los sacerdotes de las ciencias. El secreto de la construcción de aparatos voladores que, no se quiebran, no pueden ser partidos, no juntan fuego y no pueden ser interpretados. El secreto de hacer aparatos en vuelo. El secreto de tornar invisibles aparatos en vuelo. El secreto de escuchar ruidos y conversaciones en aparatos enemigos en vuelo. El secreto de fijar imágenes del interior en aparatos enemigos en vuelo. El secreto de determinar la vuelta de aparatos enemigos en vuelo. El secreto de dejar seres sin sentido en aparatos enemigos en vuelo y de destruir los aparatos enemigos en vuelo.”
Según Erich von Däniken (que tradujo este texto para los términos modernos), en otra parte de este relato del profeta Baradvaja, “se da la descripción exacta de 31 piezas principales que componen el aparato. Con precisión idéntica, se da instrucciones para el traje y la alimentación de los pilotos. Además, el texto contiene la especificación de los 16 metales diferentes, necesarios para la construcción del vehículo volador. No en tanto, el mundo actual conoce apenas tres de los metales especificados, quedando sin traducción, hasta ahora, lo demás”.

Veamos ahora un párrafo del libro 24 del Rig Veda:
“Todos cuando parten de este mundo en viaje primero llegan a la Luna... La Luna es el portal de acceso al reino celeste, y quien sabe responder a sus preguntas está libre para proseguir viaje... (Rig Veda. 1° Adhyaya). Venerado sea Vayu, señor del espacio cósmico... Prepara una morada para mí, que soy el señor del sacrificio. Abre el portal del espacio celeste, del espacio cósmico, para que podamos contemplarlo a fin de obtener el dominio del espacio cósmico. Es para allá que queremos ir.”
Es claro que todo eso puede tener apenas un sentido espíritual de liberación de las almas después de la muerte. Mas no se puede ignorar que se parece mucho un plano de vuelo. Y este trecho puede ser leído como un pedido de permisión de trabajo para una escala en la Luna, antes de un viaje al espacio exterior.
Para finalizar, observemos este párrafo del Rig Veda, en que un venerable da la siguiente lección a su discípulo:
“El espacio cósmico es mayor que la incandescencia, pues ambos se encuentran dentro del ámbito cósmico, el Sol y la Luna, como el relámpago, los astros y el fuego. En virtud del espacio cósmico, las personas llaman, ven y responden. En el espacio cósmico experimentan alegría. Nacemos en el espacio cósmico, nacemos para el espacio cósmico. ¡Tu deberás venerar el espacio cósmico! Quien venera el espacio cósmico alcanza reinos espaciales, reinos repletos de espacio luminoso, infinito, para dar pasos largos, y por donde el espacio cósmico se extiende él podrá pasear a voluntad...”

  

No es un texto de Julio Verne, ni de Leonardo Da Vinci. Es un texto que se puede encontrar en el Mahabarata, uno de los textos sánscritos del hinduismo.  
En estos vehículos voladores, extraordinariamente descritos, las personas que se montaban en ellos podían volar hacia los cielos y dirigirse a las estrellas y a mundos lejanos, para luego retornar a la Tierra. Según estos textos, la propulsión se realizaba mediante mercurio, unido a técnicas vibratorias de determinados sonidos capaces de desencadenar poderosas energías y, tal y como se describe en el Vymaanica-Shaastra, los pilotos eran preparados para volar, para obtener imágenes en vuelo a los “carros voladores” enemigos, escuchar sus conversaciones y técnicas capaces de hacer perder el conocimiento a sus pilotos.
Del mismo modo, todos los textos parecen indicar que los antiguos tripulantes de los vimanas eran conocedores de los mecanismos necesarios para poder aprovechar las energías de la naturaleza de determinados “chakras” o puntos neurálgicos del planeta, tales como ríos, valles y montañas. Los sucesos que nos narran los antiguos textos sánscritos tienen como principal protagonista el territorio de la India y zonas limítrofes, aunque en ocasiones las luchas y viajes de los dioses de la mitología hindú escapan incluso de nuestro propio planeta.

Fuerteventura, 24 de Mayo de 2012
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