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jueves, 4 de octubre de 2012

Magia Celta y Wicca




Se ha venido produciendo durante los últimos decenios un creciente interés por las antiguas creencias paganas. La gente busca un sistema de convicciones más práctico y personal, algo como una manera de ser espiritual pero mejorando la forma de vida. Ello incluye la religión y la magia de los paganos, que son, de forma simultánea, prácticas y espirituales.
Se cree por lo general que los sistemas celtas o druídicos son irlandeses, ingleses y galeses. De hecho, los celtas habitaron durante muchísimo tiempo gran arte de Europa Occidental, habiéndose encontrado restos de su civilización en lugares que se extienden desde el Sur de Francia y zonas del Norte de España hasta las tierras bajas de Alemania, las Islas Británicas e Irlanda.
No es en absoluto necesario contar con estos orígenes raciales para practicar la magia de los celtas; todo lo que hace falta es interesarse tanto en la mitología celta como en la propia magia, y una profunda simpatía por la Naturaleza y sus poderes.
Las creencias de la magia céltica se encuentran firmemente enraizadas en la Tierra y en los espíritus elementales que constituyen la propia esencia de la Naturaleza, lo que incluye los cuatro Elementos básicos que la conforman: Tierra, Aire, Fuego y Agua.
Los antiguos celtas poseían amplísimos conocimientos y mostraban gran respeto por las cualidades curativas y mágicas de las platas y las piedras. Conocían y hacían uso de los flujos energéticos de la Tierra, los árboles y algunas formaciones rocosas especiales y solían convocar a los espíritus elementales, la “gentecilla” de los irlandeses, a quienes los ingleses llamaban duendes y hadas.
Sin embargo, la creencia más poderosa –casi única, podríamos decir- que profesaban los pueblos antiguos era su devoción por la Gran Madre, la madre y las diosas guerreras. De hecho, los pueblos célticos, antes de producirse las intervenciones de Roma y del Cristianismo, constituían una de las pocas etnias que concedían a sus diosas tratamientos en pie de igualdad a los conferidos a sus dioses.
Ello, no obstante, no significa en modo alguno que no existiesen otras religiones paganas que rindiesen homenaje a la Gran Madre, aunque, sometidas a un estudio más meticuloso, nos encontraríamos con que los dioses varones de sus panteones estaban considerados más poderosos e importantes. A las diosas se las permitía ocupar su lugar de culto, siempre y cuando sus seguidores no intentasen usurpar la posición primaria del poder, que siempre estaba representado por un dios masculino.
Las diosas de los celtas no ocupaban puestos secundarios ni en su culto ni en sus leyendas, respeto con que se empapó la sociedad de los celtas, dando como resultado que las mujeres de esta raza fueses profundamente respetadas y contasen con numerosísimos derechos de propiedad, personales y de estado social. Se honraba a las sacerdotisas. Las mujeres guerreaban y eran madre y contaban con los mismos derechos que los hombres.
¿Causó lo mencionado algún daño a la sociedad o colocó a los hombres en posición de inferioridad? Según la historia, absolutamente no. Los celtas constituían una de las razas más feroces, aunque más adelantadas desde un prisma espiritual, del Viejo Mundo, viéndose debilitados únicamente cuando aceptaron y se sometieron a la intrusión del Cristianismo.
La vida de los celtas estaba llena de magia, y ellos hacían uso de ella. Sus entrelazadas obras de arte en joyería, sus ropajes, sus herramientas y sus casas no eran sino una forma de magia dirigida a evitar el mal de ojo y responder a éste con maldiciones. Creían que sus dioses podían aparecer en cualquier momento y lugar y que los humanos teníamos todo el derecho a invocar su ayuda. También creían en que cualquier persona tenía sobre sí la responsabilidad de hacer lo que pudiera para mejorar su vida, lo que, por supuesto, incluía el empleo de magia, pequeña o grande. Para llegar a este punto, una persona tenía que mostrarse deseosa, de forma constante, de aprender y madurar.
Para poner en práctica una magia celta eficaz en nuestros días, debéis mostraros dispuestos a aprender y a utilizar la magia de las hierbas y plantas. Tendréis que buscar algunas piedras y convencerlas para que actúen a vuestro servicio y cuidarlas como fuentes de energía que son. Deberéis respetar los poderes elementales y de los Elementos, solicitar su ayuda y mostrar vuestra buena disposición hacia ellos. Tendréis que buscar los antiguos depósitos de fuerza positiva que el culto de los celtas construyó y alimentó y que todavía existen.
Sin embargo, antes que nada, tendréis que eliminar las estrechas definiciones de la realidad que habéis aprendido. Tendréis que volver a tener en cuenta lo que denominamos posible o imposible y a estar seguros de que, cuando tomáis determinadas medidas, nada es imposible. En la puesta en práctica de estas medidas determinadas es en lo que consiste el ejercicio de lo que conocemos por magia.
La magia consiste en la suspensión de lo que vemos y en la creencia en lo que no podemos ver –y su utilización-, aunque sabiendo de manera instintiva que está ahí. La magia céltica consiste sencillamente en aplicar ese ingrediente invisible de tal forma que, mediante la interacción de poderes naturales o de la propia Naturaleza, se pueda mejorar la vida.
La magia no puede probarse en laboratorios, ser sometida a disección ni colocada bajo el objetivo de ningún microscopio. La magia vive en la mente de quien hace uso de ella y se manifiesta en la vida práctica. La magia pagana es al mismo tiempo una necesidad práctica y una experiencia religiosa. Los paganos son gente que vive muy cerca de la realidad y que, cuando uno no tiene ya que luchar para alcanzar las necesidades diarias, se puede buscar con mucha más facilidad la espiritualidad así como llegar a ella. Saben también que, cuando os podéis ayudar a vosotros mismos, pocas veces habrá alguien que pueda manipularos ni controlaros en contra de vuestra voluntad.
Ha llegado ya la hora de que la magia celta vuelva a ocupar su lugar en el mundo. Cada vez hay más gente que, también cada vez, se encuentra menos satisfecha con las que se consideran religiones aceptadas por la sociedad y que busca antiguos caminos, poco distinguibles por la falta de uso, o cubiertos de falsedades. Sin embargo, la sola búsqueda emprendida por esas personas está creando una refrescante brisa que limpiará esas antiguas huellas, volviéndose a encontrar y a ponerse en práctica toda aquella antigua sabiduría. A quienes buscan les llegará la madurez y el éxito, un éxito que se hará aparente en la mejora de la propia vida.
La gente que suele creer en lo pagano no tiene tendencia a seguir las normas sociales comúnmente aceptadas. Son innovadores, pensadores y perseguidores de la sabiduría y del crecimiento personal. Saben que, el mejorar tu persona y tu vida inmediata equivale a perfeccionar tu yo espiritual o alma. Una personalidad equilibrada y una vida de éxito –con independencia de aquello a que denominéis éxito- constituyen los verdaderos hitos de los antiguos caminos. Lo que importa es luchar por tan meritorios objetivos así como alcanzarlos; no lo que opinen los demás.
Que quienes esto leáis consigáis hallar las antiguas huellas del camino que os conduzca al Bosque de la Sabiduría.

Fuerteventura, 04 de Octubre de 2012

domingo, 26 de agosto de 2012

Tao Te King

La sabiduria del silencio interno.
Tao Te King

Habla simplemente cuando sea necesario.
Piensa lo que vas a decir antes de abrir la boca.
Sé breve y preciso ya que cada vez que dejas salir una palabra,dejas salir al mismo tiempo una parte de tu chi.De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía.
Nunca hagas promesas que no puedas cumplir.
No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes n
egativas porque se producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de chi.
Si no tienes nada bueno, verdadero y útil qué decir, es mejor quedarse callado y no decir nada.
Aprende a ser como un espejo: Escucha y refleja la energía.
El universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo que la naturaleza nos ha dado, porque el universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones y nos envía el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las diferentes circunstancias que se presentan en nuestra vida.
Si te identificas con el éxito, tendrás éxito. Si te identificas con el fracaso, tendrás fracasos. Así podemos observar que las circunstancias que vivimos son simplemente manifestaciones externas del contenido de nuestra habladuría interna.
Aprende a ser como el universo, escuchando y reflejando la energía sin emociones densas y sin prejuicios, porque siendo como un espejo sin emociones aprendemos a hablar de otra manera.
Con el poder mental tranquilo y en silencio, sin darle oportunidad de imponerse con sus opiniones personales y evitando que tenga reacciones emocionales excesivas, simplemente permite una comunicación sincera y fluida.
No te des mucha importancia, y sé humilde, pues cuanto más te muestras superior, inteligente y prepotente, más te vuelves prisionero de tu propia imagen y vives en un mundo de tensión e ilusiones.
Sé discreto, preserva tu vida íntima, de esta manera te liberas de la opinión de los otros y llevarás una vida tranquila volviéndote invisible, misterioso, indefinible, insondable como el Tao.
No compitas con los demás, vuélvete como la tierra que nos nutre, que nos da lo que necesitamos.
Ayuda a los otros a percibir sus cualidades, a percibir sus virtudes, a brillar.
El espíritu competitivo hace que crezca el ego y crea conflictos inevitablemente.
Ten confianza en ti mismo, preserva tu paz interna evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros.
No te comprometas fácilmente.
Si actúas de manera precipitada sin tomar conciencia profunda de la situación, te vas a crear complicaciones
La gente no tiene confianza en aquellos que muy fácilmente dicen “sí”, porque saben que ese famoso “sí” no es sólido y le falta valor.
Toma un momento de silencio interno para considerar todo lo que se presenta y toma tu decisión despues.Así desarrollarás la confianza en ti mismo y la sabiduría.
Si realmente hay algo que no sabes, o no tienes la respuesta a la pregunta que te han hecho, acéptalo. El hecho de no saber es muy incómodo para el ego porque le gusta saber todo, siempre tener razón y siempre dar su opinión muy personal. En realidad el ego no sabe nada, simplemente hace creer que sabe.
Evita el hecho de juzgar y de criticar, el Tao es imparcial y sin juicios, no critica a la gente, tiene una compasión infinita y no conoce la dualidad.
Cada vez que juzgas a alguien lo único que haces es expresar tu opinión muy personal y es una pérdida de energía, es puro ruido.

Juzgar es una manera de esconder sus propias debilidades.
El sabio tolera todo y no dirá ni una palabra.
Recuerda que todo lo que te molesta de los otros es una proyección de todo lo que todavía no has resulto de ti mismo Deja que cada quien resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia vida.
Ocúpate de ti mismo, no te defiendas. Cuando tratas de defenderte en realidad estás dándole demasiada importancia a las palabras de los otros y le das más fuerza a su agresión.
Si aceptas el no defenderte estás mostrando que las opiniones de los demás no te afectan, que son simplemente opiniones y que no necesitas convencer a los otros para ser feliz.
Tu silencio interno te vuelve impasible.
Haz regularmente un ayuno de la palabra para volver a educar al ego que tiene la mala costumbre de hablar todo el tiempo, Practica el arte de no hablar, toma un día a la semana para abstenerte de hablar. O por lo menos algunas horas en el día según lo permita tu organización personal.Este es un ejercicio excelente para conocer y aprender el universo del Tao ilimitado en lugar de tratar de explicar con las palabras qué es el Tao. Progresivamente desarrollarás el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna reemplazará tu personalidad artificial, dejando aparecer la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría del silencio. Gracias a esta fuerza atraerás hacia ti todo lo que necesitas para realizarte y liberarte completamente. Pero hay que tener cuidado de que el ego no se inmiscuya. El poder permanece cuando el ego se queda tranquilo y en silencio. Si tu ego se impone y abusa de este poder el mismo poder se convertirá en un veneno, y todo tu ser se envenenará rápidamente. Quédate en silencio, cultiva tu propio poder interno. Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo. No trates de forzar, manipular y controlar a los otros. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son, o lo que tienen la capacidad de ser. Dicho en otras palabras, vive siguiendo la vida sagrada del Tao.
Fuerteventura, 26 de Agosto de 2012
F.G.S.

domingo, 22 de julio de 2012

Iniciados



En todo ser humano duermen facultades que le permiten alcanzar conocimientos de tres mundos superiores. Las personas espirituales siempre han hablado de un mundo anímico y de un mundo espiritual, tan reales para ellos como el que ven nuestros ojos físicos y tocan nuestras manos. Al escucharlos uno puede pensar que estas experiencias también puede tenerlas si desarrolla ciertas fuerzas que hasta ahora aún duermen en uno mismo. El problema consiste en saber qué debe hacerse para desarrollar estas facultades latentes.

Para ello, sólo pueden dar las instrucciones quienes ya poseen tales fuerzas actualizadas. Desde que existe el género humano ha existido siempre una enseñanza mediante la cual los seres humanos dotados de facultades superiores han dado sus indicaciones a quienes aspiraban a tenerlas. Esta enseñanza se ha denominado enseñanza oculta, y la instrucción recibida ha sido llamada instrucción de la ciencia oculta. Tal denominación provoca, por su naturaleza, malentendidos: podría uno sentirse tentado a creer que los que se dedican a esta enseñanza pretenden aparecer como una clase de seres privilegiados, que arbitrariamente rehúsan comunicar su saber a sus semejantes; quizá se llegue a pensar que tras de ese saber no hay nada importante, pues uno podría pensar que si se tratara de un auténtico conocimiento no habría necesidad de ocultarlo como un misterio, sino, al contrario, se podría publicar para que la humanidad entera recibiese sus beneficios.

Los iniciados en la naturaleza de la sabiduría oculta, de ninguna manera se asombran de que los no iniciados piensen así, pues sólo pueden comprender en qué consiste el misterio de la iniciación quienes, hasta cierto grado, hayan recibido la iniciación en los misterios superiores de la existencia. Ahora puede surgir la pregunta: si esto es así, ¿cómo puede el no iniciado tomar interés humano alguno en la así llamada ciencia oculta? ¿Cómo y por qué habría de buscar algo de cuya naturaleza no puede formarse ninguna idea? Semejante pregunta se basa en una idea enteramente errónea de la verdadera naturaleza del conocimiento oculto, pues en realidad el caso de la ciencia oculta no es otro que el de todos los demás conocimientos y capacidades de la humanidad.

Este saber oculto no es para la persona común un misterio que tenga otra razón de ser como lo que es el saber escribir para quien no lo ha aprendido. Y así como cualquier persona puede aprender a escribir, si emplea los métodos adecuados, así también todo ser humano puede llegar a ser discípulo, y hasta maestro de la ciencia oculta, si busca los caminos apropiados.

Sólo en un aspecto difieren aquí las condiciones que deben cumplirse del saber y de las capacidades exteriores: puede que alguien, por su pobreza material o por las condiciones culturales del ambiente en que nació, no tenga la posibilidad de aprender a escribir; en cambio, para la adquisición del saber y de las facultades de los mundos superiores, no hay obstáculo que se oponga a quien los busque sinceramente.

Muchos creen que es necesario buscar en un lugar determinado a los maestros del conocimiento superior para recibir sus instrucciones. Al respecto, dos cosas son ciertas; la primera es que quien aspire seriamente al saber superior no escatimará esfuerzo alguno ni retrocederá ante ningún obstáculo para encontrar al iniciado que le inicie en los misterios superiores del Universo. Por otra parte, el discípulo puede estar seguro de que la iniciación llegará a él de todos modos, si tiene efectivamente el afán serio y sincero de alcanzar el conocimiento.

Existe una ley natural entre todos los iniciados que les impone no denegar a nadie el conocimiento que le corresponda merecidamente. Pero hay otra ley, tan natural como la primera, que establece que a nadie se le debe entregar la menor parte del conocimiento oculto, si carece de méritos para recibirlo. Y el iniciado es tanto más perfecto cuanto más estrictamente observe estas dos leyes.

El lazo espiritual que une a todos los iniciados no pertenece al mundo exterior, pero esas dos leyes constituyen los broches que mantienen unidas las partes de ese enlazamiento. Podrías vivir en íntima amistad con un iniciado, pero siempre quedarías espiritualmente separado de su ser esencial hasta que te convirtieras también en iniciado; podrías poseer todo su corazón y afecto, pero no te confiaría sus conocimientos secretos hasta que estuvieses maduro para recibirlos. Podrías congraciarte con él, torturarle; nada le inducirá a revelarte cosa alguna cuando él sabe que no te lo debe decir porque tu grado de evolución no te permite acoger en el alma, como es debido, este secreto.

Minuciosamente precisados se hallan los caminos que el hombre debe recorrer para adquirir la madurez que le permita recibir el conocimiento superior. El derrotero que ha de seguir ha sido trazado con escritura indeleble, eterna, en los mundos espirituales, donde los iniciados guardan los secretos superiores. En los tiempos antiguos que precedieron a nuestra "historia", los templos del Espíritu eran físicamente visibles. En nuestros días, por haberse distanciado tanto nuestra vida de lo espiritual, estos templos no existen en el mundo perceptible al ojo físico, si bien existen por doquiera espiritualmente, y aquel que los busque podrá encontrarlos.

Sólo en su propia alma hallará el ser humano los medios para que se le abran los labios de un iniciado; debe desarrollar en sí mismo determinadas cualidades hasta cierto grado de elevación, para poder participar de los sublimes tesoros del espíritu.

Fuerteventura, 22 de Julio de 2012