jueves, 19 de noviembre de 2009

Apariciones de la Virgen en Ezquioga



Comienzo mi andadura en este Blog, con una de las apariciones de la Virgen María, que con el paso del tiempo se ha quedado en el olvido, la Aparición de La Virgen en Ezquioga. En este Blog, quiero hacer un pequeño homenaje a esos Visionarios que acabaron sus días en el Psiquiatrico de Mondragón, para ello he insertado comentarios de Wikipedia e Imágenes de Archivos Propios.

Las apariciones de la Virgen en Ezquioga tuvieron mucho eco en la época en la que ocurrieron, aunque con posterioridad se ha tratado de cubrir un tupido velo sobre ellas. Comenzaron el 30 de junio de 1931 cuando los hermanos Bereciartua vieron por primera vez a la Virgen. La noticia corrió como la pólvora y millares de personas comenzaron a acudir en peregrinación a la campa donde se había aparecido la virgen. Las apariciones se multiplicaron, se dieron las llamadas visiones místicas, proverbialmente estudiadas por la teología mística, pero enseguida interpretadas como casos de histerismo, espasmos y pérdidas de conocimiento propios de un ambiente de enorme fervor religioso. Este esquema sería el mismo que ya fuera aplicado al caso de Fátima, si bien entonces, y gracias al apoyo eclesiástico, no prosperó a pesar de la violenta oposición gubernamental. En este caso, tras unas primeras semanas en las que algunos sacerdotes dirigían los rezos, fueron obligados a retirarse, excepto en algún caso no sometido a obediencia diocesana.
Los médicos del psiquiátrico de Santa Agueda verificaron las siguientes posibilidades, conforme a la terminología de entonces: Obsesión, alucinación, mitomanía, deliririo, demencia, idiotismo, cretinismo, concluyendo normalidad, y por tanto no necesidad de internamiento. Sin embargo, una vez acabada la guerra civil, varios videntes pasarían a condena psiquiátrica de por vida, enviados por el poder vencedor. Todos los sectores, tanto eclesiásticos como políticos, antes y después de la guerra, es decir, sectores por completo enfrentados, coincidieron sin embargo en la "inconveniencia" de Ezkioga.
Los visionarios tuvieron verdaderos raptos místicos, conforme a los criterios teológicos, pero también serían objeto de manipulación, siendo deslumbrados fácilmente, como aldeanos que eran, cuando los trasladaban a los ambientes de la gran sociedad, que los tomaba como objeto de espectáculo y misticismo trivial.
Las apariciones de Ezquioga fueron afrontadas por la autoridad eclesiástica con inicial prevención en tanto se comprobaban las fuentes del fenómeno, y enseguida esa actitud pasó a la de franca oposición oficial, como es habitual en estos casos, el clero se mantuvo distante, o bien algunas de sus figuras utilizaron todo el poder de su erudición, encabezados por el padre Laburu S.J., como de los sectores republicanos de la sociedad de la época, siendo más activos en la persecución los primeros que los segundos.
El hispanista católico irlandés Walter Starkie visitó Ezquioga cuando las apariciones estaban su momento de máximo auge y dedicó un capítulo entero de su libro Spanish Raggle-Taggle a los sucesos de Ezquioga. Después de analizar las historias que le contaron y de ver los hechos que allí ocurrían, concluyó bastante convencido que grupos derechistas y tradicionalistas estaban utilizando los sucesos de Ezquioga como herramienta política en su lucha contra la laica Segunda República Española, que se había proclamado dos meses antes de iniciarse las apariciones. Algunos de los mensajes que supuestamente había dado la Virgen a los videntes hablaban de una inminente guerra.


Las autoridades de la diócesis, con el obispo Mateo Múgica al frente, fueron posicionándose progresivamente en contra de las apariciones llegando a perseguirlas activamente y reclamando incluso la intervención del estado para ello. El motivo aparente de dicha oposición fue que las autoridades eclesiásticas constataron una falta de evidencia sobrenatural en las apariciones. Otras causas más terrenales fueron que las autoridades eclesiásticas temieron verse enredadas en algún tipo de conspiración política y el rechazo que causaba entre los sectores nacionalistas vascos del clero la orientación política de sesgo españolista que entendían estaba tomando el movimiento de Ezquioga. En 1933 la Iglesia prohibió primero la construcción de una basílica que se proyectaba en Ezquioga y declaró finalmente tras más de dos años del inicio de las apariciones que están eran falsas. A partir de 1934, debido al rechazo institucional de la Iglesia el movimiento surgido en torno a Ezquioga fue languideciendo. Tanto la Iglesia como las autoridades republicanas estaban interesadas en cortar el movimiento y Ezquioga se convirtió en un lugar muy poco frecuentado y casi proscrito. Sin embargo, pequeños grupos de creyentes han mantenido su fe en las apariciones hasta hoy en día. Algunos católicos piensan que, a pesar de todo, las apariciones fueron auténticas. Consideran importante el hecho de que estas apariciones se ajustan al esquema histórico de las apariciones marianas, que suelen incluir advertencias previas de grandes cataclismos y derramamientos de sangre, como ocurrió en este caso en el que se anunció una guerra inminente en un plazo de 5 años que se cumpliría a la letra Guerra Civil Española.
En 2001 Manuel Gutiérrez Aragón dirigió la película Visionarios basada en los hechos de Ezquioga. Previamente había sido tema de una novela de igual título de Pío Baroja.


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