viernes, 23 de junio de 2017

Alquimia y Naturaleza

Nada mejor que la Noche de San Juan y el 23 de Junio para rematar está entrada. Quien de vosotros-as no ha oído hablar o conoce a alguien cercano que parece tener un don, se trata de personas capaces de adivinar algo referente a otros sin haberlos conocido personalmente, nos aportan datos del pasado, del presente e incluso del futuro de la persona. En ocasiones, estos seres parecen adivinar nuestros pensamientos. Videntes, psicometristas, clariaudientes, clarividentes, etc. son nombres que se utilizan para definirlos.
En los múltiples talleres de tarot y quiromancia realizados por toda la geografía nacional he comprobado con diferentes participantes, que todos, en mayor o menor medida, tenemos esta capacidad de recibir información externa sin mediar palabra. Curiosamente, no se trata de una comunicación verbal ni en la que intervengan los símbolos. Me refiero a un lenguaje difícilmente medible, de un lenguaje sutil, vibracional. Muchas teorías hablan sobre ello afirmando que todo en el Universo es luz e información, que pertenecemos a un todo y que existe una energía superior que nos interconexiona y nos transmite información a través de la matriz.
Los animales son unos expertos en este lenguaje al que hacemos referencia. Bandadas de aves se ponen de acuerdo para reunirse y emigrar a otros lugares cuando el clima es desfavorable; captan el mensaje no importando la distancia a la que se hallen y saben dónde, cuándo y cómo han de reunirse. Recibiendo el llamado a través de este “campo”.
Un cura, el padre Mundina, en la década de los ochenta, afirmaba que las plantas tienen emociones y que se comunicaban entre ellas de forma similar a las aves y otras especies animales. A día de hoy, la NASA lo confirma. Otro gran conocedor de este código, además de amante y alquimista de las plantas fue el Dr. Edward Bach, quien no sólo pudo establecer un contacto con ellas, sino que en el afán de preparar unos remedios fue mucho más allá.
Ya han pasado 75 años de la muerte del “padre” de las llamadas Flores de Bach, cuyo uso se ha expandido por todo el planeta desde que en 1983 la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconociera su eficacia y los estados miembros empezaran a utilizarlas.
Sin embargo, estos remedios como tantos otros similares (flores de California, esencias de Saint Germain, etc) han sido tomados como simples elixires de uso alopático, cuando en realidad se basan en un paradigma que percibe el cuerpo como un organismo compuesto de elementos interconectados que constituyen un todo en sí mismo.
Las esencias se hayan entre los productos más utilizados por los terapeutas e incluso por los médicos, pero la gran mayoría ignora el paradigma en el que se basan, tal vez para poder ser consideradas y aceptadas incluso por las mentes más racionales o científicas. El Dr. Bach, médico, patólogo y bacteriólogo, fue un erudito muy avanzado para la época que le tocó vivir. Haciendo uso de sus conocimientos adquiridos en su etapa como integrante de la Masonería y la Orden Rosacruz y tomando como referencia a otros grandes alquimistas de la antigüedad como Paracelso, Culpepper y Hanneman, integrantes todos ellos del Club de Cooper, creó estas esencias.
El club de Cooper era un grupo selecto que se reunía para estudiar y asentar las bases de la Espagíria, un arte que utilizaba el saber alquímico para elaborar remedios a partir de plantas de una forma nada convencional, lejos de los principios activos de la medicina o las farmacéuticas. Estos preparados suelen funcionar a nivel álmico, partiendo de la base de que toda enfermedad, antes de reflejarse en la parte material, empieza a crearse en la parte energética. Y fue gracias a la capacidad de estos alquimistas, dotados de la habilidad de recibir información de las plantas por medio de esta comunicación sutil que se dio lugar a estos misteriosos remedios florales.
Pero nos podemos remitir a tiempos más remotos, cuando la botica de El Escorial preparaba elixires y licores espirituosos o incluso más allá, en el antiguo Egipto, donde moraban los maestros de la espagíria. Aunque fue a partir del siglo pasado que la tradición alquímica que hasta entonces se mantenía en la clandestinidad, empezó a reconocerse como terapia “científica”, reduciendo así su antigua reputación de pseudo-ciencia.
Sería muy extenso explicar los conocimientos que utilizó Bach para elaborar estos remedios, lo que sí podemos afirmar es que junto a sus conocimientos de los ciclos lunares, su saber interno y la espagíria pudo crearlos.
Él, como muchos otros alquimistas, resumía la enfermedad afirmando que se trata de una desconexión del alma con la personalidad. Según afirmaba, estas esencias elevan la vibración de quien las toma, permitiéndole resonar y equilibrar su psique al entrar en contacto con ellas; 38 remedios en total para diferentes trastornos muy específicos. Cada uno de los remedios consiste en un campo de fuerza activo vinculado a un área concreta de la psique humana.
Dando fe de su efectividad, siempre que se acierte con la esencia correcta y adecuada para el individuo, sólo me queda añadir que se han efectuado cientos de pruebas con pacientes en América y en Europa con mucho éxito, siendo un claro ejemplo de una gran evolución en la terapia floral.  Prueba de su efectividad es la gran proliferación de su uso y su venta en todas las farmacias.
Hay que descartar el efecto placebo, pues los resultados son notables cuando son suministradas a niños, nonatos e incluso a animales con algún desorden emocional e incluso físico.
Y por último, para despedirme, me remito a unas palabras que nos legó el creador de estas mágicas esencias “No permitan que la simplicidad de este método les disuada de utilizarlo, ya que a medida que avancen sus investigaciones comprenderán mucho mejor la sencillez de toda la Creación”.
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Fuerteventura, 23 de Junio de 2017

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